Tribuna: La mentalidad de fundo quema la tierra
La proyección de incendios de Conaf para los próximos cinco días, advierte posibilidad de siniestros desde Traiguen hasta Pitrufquen.
El área circular verde destacada en la imagen, corresponde a sector Muquén, de momento fuera de peligro.
Pero cuidado, solo 50 km nos separan de las áreas rojas.
¿Qué podemos hacer para manenernos a salvo?
En primer lugar, es importante observar que las zonas denominadas por Conaf como Botón Rojo, presentan algunas características en común: cercanía con grandes plantaciones de mono cultivos; baja cantidad de especies nativas; problemas con la disponibilidad de agua.
Vivir ahí, es como si en esos lugares hubiese llegado el latifundista de turno a ocupar el terreno, ordenando botar todos los árboles y especies nativas hasta dejar las zonas como cancha de golf para luego plantar pino, eucaliptus, algún cereal de turno, o llenarla de vacas, ovejas o cerdos.
Dónde radica el problema? Lo que ayer funcionó, fracasa hoy. Parece que aún no entendemos que vivimos un tiempo distinto.
Sucede que la "mentalidad de fundo"; una práctica productivo-económica del siglo pasado, sigue activa en nuestros territorios. La figura de patrón decimonónico se extinguió, pero su forma de trabajar la tierra quedó adherida como lastre en nuestra memoria.
De hecho, podemos advertir su vigencia incluso a pequeña escala, en terrenos parcelados de menos de una hectárea.
Esa forma de pensar y actuar respecto al uso de la tierra es la que en buena parte, provoca el aumento de temperatura y quema nuestros territorios.
Lo podemos observar en todas partes, por ejemplo, cuando instalamos nuestras casas y despejamos todo alrededor, eliminando hasta el árbol que nos podría dar sombra en verano. Cortamos el pasto a ras de suelo para que ningún vecino dude de nuestro compromiso estético basado en el orden y el control. Urbanos y rurales, propietarios y arrendatarios, dan su voto a quien niega el cambio climático y tenemos una paradójica preferencia por aquel que ofrece la explotación más descabellada de los escasos recursos naturales. Somos capaces de exigir la poda de todos los árboles de nuestra cuadra para iluminar el barrio, olvidando rápidamente que cada verano es más caluroso que el anterior.
Ciertamente no podemos culpar a la mentalidad de fundo por todos los incendios: las causas son multifactoriales.
Pero tampoco podemos cruzarnos de brazos; tenemos margen de acción y parte en asumir un compromiso de resguardo colectivo de la biodiversidad de nuestros territorios, las especies nativas y la descontaminación de lagos, ríos y esteros.
Por tanto, si logramos ajustar nuestra mirada y, actuar colectivamente de manera solidaria y colaborativa... podremos hacer frente a la emergencia.
En Kilamari, lugar donde se escribe esta columna, existe un valioso corredor verde; el estero Fortín de una extensión de 4 km aproximadamente, y cuyo recorrido atraviesa seis comunidades mapuche.
Allí, la brisa es suave y la temperatura agradable. Es un tesoro que su propia gente debe cuidar. ¿Cómo? volviendo a pensar en la tierra como la herencia amorosa de las y los ancestros y no como un pedazo de fundo sin historia que se debe explotar.
Debemos cambiar nuestra mentalidad y darnos cuenta que a la larga, es más rentable mantener el árbol en pie.

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