La constitución de la comunidad. El revoltoso agosto de 1994
A principios de los años 90', la vida en Kilamari transcurría de manera muy lenta. En esos tiempos, en ese lugar, no había luz eléctrica así que nos guiábamos de noche por el ciclo de la luna, y de día por los brotes de la tierra.
Tampoco existían muchos lugares donde ir pues el único
pegamento social de esos años, era la iglesia evangélica; allí nos reuníamos
casi todos, principalmente mujeres, niños y ancianos. Era, además, el momento
en que nos enterábamos de lo que pasaba en nuestro pequeño círculo, pues
existía un momento en el culto, en el que cualquier persona podía dar
"avisos". Funcionaba más o menos así: el pastor predicaba, ordenaba
cantar un par de canciones y ya al final de la ceremonia, decía la esperada
frase: ¿Quién quiere una oportunidad?
Ahora que lo pienso, esa pregunta tenía una densidad
filosófica, escondía un secreto, un llamado al caos, a que sucediera cualquier
cosa. Y, efectivamente, en algunas puntuales ocasiones, había gente que
aprovechaba el instante para decir o hacer lo que se le cantara en el momento.
¿Quién quiere una oportunidad?, decía el pastor, y a veces alguien levantaba la
mano y ofrecía en venta un cordero; o pasaba al frente a contar una historia; o
pedía una oración especial por un cercano dando los detalles más extravagantes
como que a mengano le habían sido infiel y ahora tenía un furúnculo extraño en
cierta parte.
Pero también había mensajes serios, de esos que cambian el
curso de la historia.
Uno de esos mensajes fue que gente de la Municipalidad de
Loncoche y de la Conadi, institución de asuntos indígenas creada el año
anterior, en el 93, estaban convocando a lonkos y personas del sector para
conformar una comunidad. -Qué es eso- se preguntaban algunos, y alguien dijo
que era como una iglesia, pero de temas mundanos, terrenales. -Y quienes pueden
ir- preguntó otro, y alguien respondió, es solo para los mapuche, pero como ahí
todos éramos mapuche, entonces todos dijeron -ah que bueno-.
Pocos días después, representantes de las principales
familias mapuche del sector Muquen, incluida la nuestra que venía del patriarca
don Domingo Colihueque Namoncura, ubicada en paradero Kilamari, asistimos a la
única sede social que existía entonces, la de don Fernando Calfunao.
Allí, funcionarios de Conadi explicaron los alcances de la
nueva ley, y qué era eso de formar comunidad. Dijeron que era una personalidad
jurídica, un tanto parecida a las juntas de vecinos, pero que se conformaban en
base a dos criterios principales: mismo árbol genealógico y delimitado
territorialmente por el Título de Merced.
Y que lo más importante, era el sentido histórico y político
de la ley; un reconocimiento del Estado a la identidad mapuche; una posibilidad
de crear organización para conservar y mejor aún, recuperar tierra; mejorar la
calidad de vida en base a sus propios términos, su cultura y proyección como
pueblo.
Entre los representantes de la familia Colihueque, escuchando
con mucha atención, estaba la señora Juana Zagal Iraira, la única chiñurra del
lugar, una rubia de ojos verdes oriunda de Coronel, casada con don Julio Molina
Colihueque, conocido en el ambiente como "el Yiye Ávila", por su
fanatismo religioso. Habían coincidido y se habían enamorado muchos años atrás
en una iglesia de Santiago, mientras andaban "canuteando" como se
dice popularmente a la gente que asiste a la iglesia evangélica, y de manera
reciente habían tomado la decisión de volver junto a sus hijos a las tierras del
esposo, en Kilamari.
Decían algunos, a modo de broma, que parecían mormones, y, a
decir verdad, el sobrenombre les venía perfecto, eran justamente así: un rubio
con un moreno predicando las buenas nuevas del Señor. Claro que, como cualquier
pareja, tenían por supuesto algunas diferencias; don Julio, prefería las cosas
espirituales. Si había que predicar, allá iba él. Si organizaban vigilia
evangélica, ahí estaba él abriendo la puerta de la iglesia. Juana, su esposa,
le acompañaba fielmente, pero también le gustaba conocer las costumbres e
historias locales, aprender mapudungun y participar en obras sociales, visitar
a sus primas y tías políticas y aprender de la cultura de su marido. En esos
casos don Julio reculaba y optaba por quedarse en casa. -Anda tú y después me
cuentas- solía decir.
Así que cuando hicieron el llamado a crear comunidad, y
Juana le dijo a su esposo que ahora sí, que ambos debían ir, don Julio se
mostró reacio y dijo que no, que mejor fuera ella a ver qué tanta cosa con los
mapuche.
La señora Juana tomó entonces a sus hijos, su libreta de
matrimonio por si las moscas, y partió a la reunión con ellos, a ver a la gente
de Conadi.
Asistió mucha gente, recuerda Juana Zagal, y ahí mismo los
funcionarios les ayudaron a ordenarse de acuerdo al Título de Merced y parentesco.
Luego les pasaron una lista y les dijeron que debían inscribirse así, por
familia, para completar el número exigido.
-Y yo me puedo inscribir- dice que preguntó la señora Juana
y la gente de Conadi la miró un poco de reojo y le contra-preguntó si acaso
ella era mapuche o casada con mapuche. Entonces ella mostró la libreta, que a
esa altura llevaba a todas partes, y confirmada legalmente su pertenencia al
árbol genealógico, se inscribió en la comunidad indígena Domingo Colihueque.
Entre sus parientes políticos asistentes a esta importante
reunión, había personas reconocidas por su capacidad de liderazgo. Estaba la
señora Marina Colihueque, dirigente histórica y que posteriormente ocupó varios
cargos en esa y otras agrupaciones locales. Don Patricio Fierro Colihueque, que
posteriormente llegaría a liderar las tres organizaciones más importantes del
sector: el cementerio, el agua potable rural y la misma comunidad y, también,
una persona que llamó la atención de los funcionarios, nuestro "tío
Chomi", nieto de don Domingo Colihueque y único integrante de toda la
familia que lleva el mismo nombre y apellido de su abuelo.
Cuando llegó el momento de elegir directiva, un par de
integrantes de la familia Colihueque propuso a la señora Juana como presidenta.
Pero desde la Conadi le hicieron ver que se vería raro tener como líder a una
persona que no tenía los apellidos mapuche, pues quedaría así: Comunidad
indígena Domingo Colihueque, presidida por Juana Zagal Iraira. Entonces, a
alguien se le ocurrió la genial idea de dejar como líder, al nieto del
patriarca, que estaba ahí mismo y sí, tenía todo el ánimo de participar y ser
un aporte a la nueva comunidad.
El 20 de agosto de 1994, se constituyó formalmente la
comunidad. Y su primera directiva quedó así:
Comunidad indígena Domingo Colihueque, presidida por Domingo
Colihueque.
Y en el cargo de vicepresidenta, la señora Juana Zagal
¿Y don Julio? él se
puso muy alegre por la anécdota que trajo de vuelta su esposa y se comprometió
a participar activamente en la nueva organización. Eso sí, demoró más de diez
años en inscribirse en la comunidad.
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