Matrilocalidad en Kilamari, una costumbre inusual

 

                

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Cuando la gente se casa, generalmente, es la mujer quien sigue a su marido. Es ella quien abandona todo y comienza una nueva vida en territorio ajeno, en un lugar que, por cierto, nunca le pertenecerá.

En la cultura mapuche, también se practica esta regla; de hecho, existen varios casos documentados en que hermanos dejaron sin herencia de tierra a sus hermanas mujeres basándose en esta costumbre: que la mujer no nace y muere en un mismo lugar puesto que debe seguir a su esposo e instalarse dónde él decida hacer familia. 

Pero en Kilamari, comuna de Loncoche, ocurre algo distinto, acá, es justo al revés: mayoritariamente aquí son las mujeres quienes traen a casa a un hombre, un amigo, una pareja. A esta costumbre poco usual se le denomina "matrilocalidad", es decir, la administración y traspaso de las tierras queda a cargo de mujeres con poder: las matriarcas.

En el caso de la comunidad Domingo Colihueque, la primera mujer en practicar esta costumbre fue Emilia Colihueque Caniullan, que se trajo a vivir a Antonio Mayo, su esposo y con quien tuvo varios hijos, todos herederos de la tierra de su madre.


Imagen cedida por Aldo Oviedo Tejo

Así lo consigna el Título de Merced de la comunidad de 1920, documento legal que reconoce a Emilia y a su hermana menor Eusebia -en esos años soltera-, como parte de la herencia de tierra al que fue reducida esta familia.



Posteriormente, le siguió en esta costumbre Ángela Colihueque, hermana menor de Emilia. Ella trajo a un hombre chileno, Enrique Molina Carrillo, y juntos se instalaron en las tierras de merced asignadas a su familia.

Es interesante notar que la hija y las dos únicas nietas de Ángela han seguido esta costumbre; las tres se instalaron en la comunidad y allí se encuentran hasta la fecha, criando sus hijos, armando huerta e invitando a la gente que ellas quieren según su propio criterio.

No son las únicas, varias mujeres descendientes de otros hijos de Domingo Colihueque también se apegaron a esta inusual forma de vivir; cuidan, protegen, pero en sus espacios; no lo hacen en terreno ajeno.

La mujer que después de casada o luego de tener una pareja, puede seguir habitando en su propia tierra, tiene varios beneficios. En primer lugar, conserva su red de contacto, su tejido comunitario. Ante cualquier situación de violencia, sabe perfectamente a quién recurrir, con qué amistades o familia puede contar.

Otro punto importante: nadie la puede sacar de su lugar, de su propia casa. Si el hombre se porta mal, es ella quien le puede exigir al hombre que abandone el hogar, por tanto, el control territorial sirve como una medida muy efectiva de prevención contra la violencia de género. ¿Han sucedido episodios de violencia contra la mujer en Kilamari?, claro que sí, pero es menos grave cuando la mujer sabe que siempre contará con un lugar donde estar, un espacio propio.

Pero, ¿qué piensan los hombres de esta práctica?, ha sido difícil saber su opinión, pero según las consultas que he realizado a un par de ellos, que viven en Kilamari bajo esta costumbre, en general les parece bien. De hecho, ofrece mayor garantía de protección para toda la familia, principalmente porque como el hombre es quien sale a trabajar fuera del hogar, y la mujer junto a los niños son quienes se quedan en el territorio, quien en realidad necesita el tejido comunitario a su favor es ella y los hijos.

¿Seguirá esta costumbre en Kilamari?, difícil saber; en primer lugar, porque increíblemente, no todas las mujeres que practican esta forma de vida saben que se trata de una costumbre inusual. Algunas se sorprenden cuando empiezan a hacer comparaciones con mujeres de otras comunidades cercanas y se dan cuenta que efectivamente aquí vivimos de manera distinta.

Un último dato interesante, según el estudio Tierras, Aguas y Mujeres Mapuche, de la fundación Instituto Indígena; Loncoche es la segunda comuna de toda la Araucanía en tener la mayor cantidad de Títulos de Merced entregados a mujeres y a su vez lidera el porcentaje de toda la región, con un 16,6% de los títulos para ellas.

Al comparar Loncoche y Nueva Imperial, se observa con mayor claridad esta diferencia.

De los 161 Títulos entregados a familias de Loncoche, 26 fueron asignados a mujeres.

En Nueva Imperial, el Estado entregó 210 títulos, pero de esos solo 4 tienen como titular a una persona de sexo femenino.

Vale recordar que, en esos años, la familia y vecinos cercanos al interesado o interesada validaban la tenencia de tierras. ¿Existía desde esos tiempos en Loncoche, una mayor valoración a las mujeres y a su derecho a heredar y poseer territorio?

Si observamos lo que pasa en Kilamari, podríamos decir que sí, que probablemente en esta comuna y en este lugar, las mujeres gozamos de más derecho a heredar y administrar la tierra.


Título de Merced Domingo Colihueque

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